Cómic, dulces y aperitivos protagonizan sorprendentes pinturas hiperrealistas – Recetax - Recetas de Cocina Española y del mundo
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Cómic, dulces y aperitivos protagonizan sorprendentes pinturas hiperrealistas

No he podido evitar acordarme de la recién inaugurada exposición de arte pop en el Museo Thyssen al econtrarme con el trabajo de este autor. Y es que los cómics, confiserie, golosinas y aperitivos forman parte de la cultura popular, que aquí se unen para protagonizar sorprendentes pinturas hiperrealistas.

Son obras del artista estadounidense Doug Bloowoth, que demuestra un dominio perfecto de las técnicas de pintura más tradicionales al plasmar en lienzos, usando óleo y pinceles, estampas que podrían confundirse con fotografías o con arte digital. En esta serie el autor apuesta por evocar la nostalgia en el espectador, con elementos que nos llevan a la niñez.

Quizá hoy en día ya no es una imagen tan relacionada con los niños, pero hace unas décadas los cómics o tebeos eran uno de los entretenimientos favoritos de los más pequeños, y no tan pequeños. Leer un cómic de Batman o Spiderman junto con un paquete de galletas o una bolsa de caramelos era uno de los sencillos placeres de la vida.

Al menos así lo ve Blooworth, que se acuerda de su propia infancia y disfruta rememorando aquella época a través de sus pinceles. Es ya un artista veterano que después de una larga trayectoria disfruta realizando esta serie de obras, las cuales además han conseguido rápidamente una gran popularidad, recibiendo incluso encargos personalizados.

Blooworth se licenció en 1974 en Artes Comerciales y ha trabajado desde entonces en proyectos muy diferentes, empleando diversas técnicas artísticas. En su carrera ha destacado sobre todo en ámbitos de publicidad, caricaturas, carteles y diseño de iconos. Esta amplia experiencia asentó las bases sobre las que ahora trabaja para elaborar sus pinturas fotorrealistas con un aire tan pop.

No alcanza el hiperrealismo más extremo de otros autores pero tampoco lo busca, y sin embargo sus obras despiertan rápidamente la simpatía del espectador, que conecta con facilidad con su peculiar universo, algo ingenuo, pero que al fin y al cabo apela a ese niño que todos seguimos llevando dentro. Si pudiera encargarle una obra que reflejara mi infancia en su estilo, sería un cuenco de cereales con tiras de Mafalda y cómics de Astérix.

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