
Qué levante la mano aquel que de pequeño no se ha comido un Dalky. Pocos ¿Verdad? Y es que esta copa hizo época, pues fue de los primeros postres “especiales” que podía tomar en mi adolescencia para cambiar del típico yogur. A este Dalky casero lo he enriquecido con huevos, nata y leche, y aunque su sabor no es exactamente como el industrial desde luego que nos quitará el gusanillo cuando tengamos ganas de algo chocolateado y nos transportará de nuevo a nuestra infancia.
Como es habitual en los cuajados, necesita unas horas de reposo en el frigorífico para coger cuerpo, y si podemos aguantar sin probarlo, mejor dejarlo de un día para otro durante toda la noche. Al día siguiente, se le añade un poco de nata montada en la superficie o si queréis una versión un poco más rápida y más parecida a los comprados, usar un spray de nata light de los que podéis encontrar en los lineales de lácteos del supermercado.
