
Siempre he tenido predilección por las bodegas pequeñas, aquellas que poseen su propio viñedo y desarrollan por completo el ciclo de elaboración del vino, desde la cepa a la copa. Me da la impresión de que van a otorgar a su producto un mimo y una personalidad muy difícil de conseguir en una bodega grande, más acostumbrada ésta ultima a buscar la regularidad en sus caldos y no la exceltitud y dinamismo que puede vislumbrarse en un pequeño productor.
Colet es un ejemplo de ese cuidado cariñoso que se le pueden dar a pequeñas producciones. Sin perder el respeto por la tradición, pero con una visión moderna del trabajo en la viña, no pertenece a la D.O. Cava con el fin de poder enriquecer sus vinos con variedades ajenas al Consejo Regulador del espumoso , sí en cambio se encuentra amparada por la D.O. Penedés más abierta ésta a la incorporación de variedades foráneas.
El a priori de Colet es un cava peculiar, bien definido, donde sobre todo, ya desde la primera impresión al ver la botella, derrama frescura, vitalidad y juventud por los cuatro costados. Es un comodín que se adapta adecuadamente a casi cualquier situación en la mesa, pero donde sobre todo se expresa con cálida jovialidad es como antesala de la comida, como aperitivo con el que predisponer no solo la comida, si no también las entrañables conversaciones que se desarrollarán en ella.
