
A la vista del imponente post de Fiona Menús de Navidad: recetas de aperitivos y tras retirar elegantemente los restos salivares que, como torrentes primaverales zigzageaban por las comisuras de mis labios hasta llegar a la barbilla desde donde saltaban al vacío con la misma intensidad que las aguas de las mismísimas Cataratas Victoria, no he podido más que aportar mi granito de arena buscando un vino que no desentone con tamaña sinfonía de colores y sabores.
Siendo como es un sustituto de primer plato, el vino a escoger para ésta voluptuosa selección de aperitivos lo tenía claro, debía ser un blanco. Pero no un blanco cualquiera, sino uno con personalidad, con porte, que no se arrugara ante la taurina jornada con la que había de lidiar.
Para ello escogí un valor seguro, nada de experimentos, y es que Enrique Mendoza es una bodega que hace gala de la misma regularidad que José Tomás sobre el albero.
